domingo, 20 de noviembre de 2011

Limbo ... su nombre lo dice todo

Con alzar apenas la vista y detenerse a mirar los distintos bares y restaurantes que se han ido aglomerando en torno a Plaza Armenia - también conocida como Plaza Costa Rica -, uno nota que "Limbo Club" se distingue de otros en la cuadra por el blanco intenso del frente y su terraza que, ya desde la calle, invitan a conocerla.

La carta de tragos está separada del resto y eso está bien porque acompaña el concepto del lugar que es ser más un lugar que se distingue por sus bebidas que por su comida. Hay una enorme variedad para elegir: hay nacionales e importados de todo. Y lo que se destaca es que hay una selección de tragos hechas especialmente para "Limbo Club" como, por ejemplo, el French Martini.

La arquitectura, el diseño y la decoración alcanzan para explicar el motivo del nombre. ¿Por qué?. El limbo es - por un lado - según la doctrina cristiana, donde van las almas de los que antes del uso de la razón, mueren sin el bautismo. Pero el significado que parece aplicar en este caso es al de la famosa expresión: "¡Estás en el limbo (estas distraído)!. Y el lugar invita a eso. Aunque la vista no sea la mejor si uno se extiende más allá de la plaza, se despeja la visión, no interfieren más que árboles, cielo y nubes. Todo esto acompañado de tragos exóticos recostado uno en cómodos sillones con mesas pesadas y bajas (no ratonas).

El espacio de los baños está muy bien diseñado. Hay un espacio común, amplio, para lavarse las manos. Y luego se accede al de hombre y mujer, respectivamente. El único detalle a cuidar es que no había buen olor en el toilette y que los pisos estaban descascarados, descuidados. No era un detalle artístico.

La atención es muy buena. Los mozos atienden con onda, son atentos, cuidan los detalles y responden con atención las preguntas que se le hacen.

La planta baja del bar no llama tanto la atención como la terraza, que con detalles simples y sillones cómodos convierte un pequeño espacio (no más de 10 mesas) en un lugar con ambiente relajado que invita al disfrute y a experimentar. No conozco el lugar de noche pero la planta baja parece destacarse más en el horario nocturno.

El trago virgen que tomé era un "Gentle Breeze". Tenía pulpa de arándanos, lima y jugo de pomelo. Era muy fresco, como su nombre anticipa, pero era más que una brisa fresca. Era intenso, aromático y con la ácidez justa. Me hubiera gustado sentir más los arándanos, que se percibían apenas. De todos modos, fue la elección idónea para esta calurosa tarde de domingo con una gran amiga.

Y si en el limbo quedamos por estar nuestras almas confundidas y no saber si subir o bajar, es el espacio idílico donde sentarnos a esperar para tomar esta decisión.


Más info:


Limbo Club


- Dirección: Costa Rica 4588 (casi esquina Armenia), Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


- Teléfono: 4831-0459 ‎





"Gentle Breeze"

Precios de los tragos: de $25 a $50






martes, 31 de mayo de 2011

Primera experiencia gourmet con el Colegio Gato Dumas

Ceviche, restaurante de fusión de cocina peruana y nikkei, tiene dos sucursales. Una de ellas en Palermo, en la calle Costa Rica 5644. Este fue el lugar elegido para nuestro primer acercamiento a la crítica gastronómica.

Primero, algunos items tomando como referencia la guìa de evaluación del Colegio:
  • Recepción: no fue nada fuera de lo común. Consista de canchita con habas fritas, que estaba sabroso y crocante. El pan estaba rico, esponjoso, realmente parecía recién horneado pero lo único que coincidió con la carta fue el pateé de salmón. “La chicha, el tomate y blanco” no lo descubrí en los panes que probé
.
  • Predisposición del personal de servicio: regular. Varias veces se les pidió que bajen el aire, se demoraron en traer dos bebidas que estaban fuera del menú y tardaron mucho en reponer la copa a un comensal al que le sirvieron agua con gas y estaba tomando sin gas.
  • El manejo del tiempo: si bien era una mesa grande, el menú ya estaba arreglado previamente por lo que no había muchas opciones que pudieran surgir. La entrada vino rápido pero luego tardaron mucho en venir a preguntar qué íbamos a cenar, en vez de hacerlo todo al principio. Esto resultó en una gran espera para el plato principal, estuvimos mucho tiempo con los platos vacíos en la mesa. Nadie se acercó a retirarlos. Hubo que pedir que lo hagan. Pasó bastante tiempo, pero no una espera exagerada, para que llegaran los postres. En general, el manejo del tiempo fue malo.
  • Manejo de la crisis (de existir): por la predisposición de los mozos en esta ocasiòn, considero que no podrían manejar una crisis correctamente. Pero, dejando esta situación particular aparte, el personal parece estar bien capacitado.
  • Concordancia entre la propuesta ofrecida y la imagen del restaurante (nombre, ambientación en general, menú): los platos eran característicos de la cocina peruana, aunque había preparaciones que variaban de las recetas más tradicionales. Pero, en términos generales se correspondía bien. Con respecto a los postres, no me pareció acorde el volcán de chocolate ya que no es algo típico peruano.
La comida:
Para la entrada, escogí la Causa Limeña. Venía acompañada con brotes de arvejas y dos rodajas de palta. Al describir el plato, la camarera no dijo: “Decorado con palta”, sino que dijo que traía palta. Por eso creo que fue muy escasa, considerando que acompañaba muy bien el plato. La papa era picante y un tanto ácida (quizás es por no acostumbrar a comer cosas con limón) , pero los brotes de arvejas y el pollo equilibraban este sabor tan intenso, otorgado por el limón. La Causa Limeña, según el Patronato del Perú, se suele hacer con atún. Esta estaba preparada con pollo. Desconozco si es una acepción válida de la receta o no.




El salteado de lomo fue mi elección de plato principal. Muy abundante, súper sabroso, quizás un poco sobrecondimentado ya que se percibía apenas el sabor de la carne. Le faltaba salsa. Estaba tierna y a punto, pero luego de un par de bocados, los condimentos invadían por completo el paladar y era lo mismo estar comiendo lomo que cualquier otra carne. El arroz estaba un poco frío pero acompañaba bien ya que aplacaba los intensos sabores del lomo. Pocos tomates confitados (tan sólo una o dos rodajas). Muchas pielcitas de tomate. Las papas estaban ricas. A mi parecer, les faltaba crocantez pero, al averiguar sobre este plato, es así como deben quedar.





La degustación de postres me desilusionó un poco. El Suspiro Limeño estaba hecho como la receta lo indica pero no estaba espolvoreado con canela, sino inundado de canela y apenas podía percibirse otro sabor que no fuera este. El cheescake fue una sorpresa, no lo conocía y, aunque no me gusta el dulce de leche, el postre estaba muy rico, tenía la textura de un cheescake y el sabor inconfundible de un buen dulce de leche, sin resultar empalagoso. El volcán de chocolate no hallé relación entre la comida típica del lugar y este postre. Y no era nada excepcional. Las cinco leches estaban bien preparadas pero no me gusta el coco rallado por lo que descarté ese postre de entrada. Sin embargo, al averigüar sobre su preparación, se respetò la receta peruana.



En general, todos los platos eran muy sabrosos. El sabor general del menú fue toda una experiencia sensorial. No había muchos aromas quizás porque los platos estaban un tanto fríos. Hay que tener en cuenta que la cocina peruana es difìcil de adaptar al paladar porteño y, en la bùsqueda de esta adaptaciòn, muchas veces se pierde la esencia de esta cocina tan caracterìstica.
Cabe destacar que las terminologías regionales mencionadas en el menú son propias de la cocina peruana. Todos los platos estaban bien presentados, la vajilla era acorde al tamaño del plato. No se ensimismaban los distintos productos. Eran platos típicos servidos de un modo más moderno, gourmet, con una presentación cuidada. Sin embargo, la entrada estaba muy fría y el plato principal, también. Al volcán de chocolate le faltaba un poco de calor. De todas formas, estas fallas en la temperatura probablemente se deban a que era un menù preestablecido.
La cantidad fue equilibrada a lo largo de todo el menú. La entrada era una buena porción, considerando que muchos restaurantes por entrada entienden algo minúsculo. El plato principal era muy abundante y los postres, como degustación, completaron el equilibrio. Quizás pidiendo un postre individual, eran un tanto pequeños.






miércoles, 16 de marzo de 2011

Un almuerzo diferente

Ubicado en Armenia 1692, en Palermo Soho, b-Blue deli and natural bar, es una alternativa a otros restaurantes de propuestas orgánicas. En la vereda, una pareja toma cada uno, tragos de colores exóticos en vasos de gran tamaño. Al entrar, se percibe enseguida que la calidez y la tranquilidad que se busca transmitir está en el interior del local. Es una casa de 1910 que fue remodelada, manteniendo el piso de pinotea y el patio que brinda una iluminación particular. La carta es variada y cada plato es único. Hay menúes para todos los gustos a precios accesibles. Y jugos naturales energizantes de combinaciones tentadoras, tales como el "Mandarin - Sen" (mandarina, mango, jengibre y ginseng) y el "Despertador" (mix de berries, naranja, leche de coco, wheatgrass o leche de vaca).
Para comer, escogí una ensalada b - pollo que traía croutones, pollo, tomates secos, champignones, cebollas caramelizadas y mix de verdes, todo servido en un enorme bowl blanco de cerámica. Las hojas eran frescas y estaba todo muy sabroso. La porción, a la vista, era grande, pero no fue agradable al correr las hojas, el resto de la ensalada terminó en el fondo del recipiente. Sin embargo, era todo de muy buena calidad, el pollo estaba bien cocido y nada seco, la ensalada bien aderezada. La bebida fue lo mejor del almuerzo. Elegí acompañar con una limonada con jengibre. Me trajeron una botella de vidrio de un litro, recién preparado, por $10.
Mi amiga, Clara, optó por el jugo de maracuyá con limón. Se notaba a la perfección lo natural de los jugos y eran, en verdad, la opción ideal para una calurosa tarde porteña de febrero.
Clara se decidió por un menú que incluía tarta de puerros y espinaca con mix de verdes, bebida y un café. Aunque no probé la tarta, la porción era grande y permitía comer bien, quedarse sin ganas de más. Limonada con jengibre. Foto: cortesía de "ricoslugarcitos.blogspot.com"


Otros tragos (foto propia)

En resumen, fue una salida muy entretenida y original. La comida estuvo excelente pese a la pequeña decepción de la ensalada. Las instalaciones estaban impecables, incluidos los sanitarios. Lo único para criticar fue la atención de la camarera que atendió desganada y no puso mucho empeño en asistirnos con la elección de la comida, que no era fácil debido a las infinitas posibilidades que presentaba la carta.


Auténtico y natural: b - Blue tiene su propia finca, a 100km de Posadas, donde cultivan sus propios arándanos.


Más datos del lugar:
Armenia 1692
Abre de lunes a lunes.
Domingo, Lunes, Martes y Miércoles de 9hs a 21hs (la cocina cierra a las 20)
Jueves, Viernes y Sábado de 9hs a 22hs (la cocina cierra a las 21)
La página: http://www.b-blue.com.ar/, permite conocer más sobre la historia de este lugar y recorrer de forma interactiva tanto el local como la carta.